La línea que marca el final de los sueños...

 
EL RELATO MÁS CORTO DEL MUNDO... | CAMBIO DE RASANTE | LA VERDADERA HISTORIA DE UN HIJOPUTA. | CARACOLERÍAS | COSAS NUESTRAS. LA WEB DE RELATOS. | Enlaces y fuentes consultadas | La plancha | Independencia... | La casa de verano | La mancha | REFLEXIONES SOBRE LA MUERTE, O MACABRA OCURRENCIA. | EL CALAMITAERÓSTATO | EL HOMBRE Y LA VÍBORA | CABEZA RAPADA | EL MISTERIO DEL PAPELITO AZUL | El mendigo, un relato religioso. | CAMINANDO DESCALZA POR LOS TRIGALES ANEGADOS. | De mujeres y meigas. | La sombra de las cosas. | El encuentro. | Jardinera. | El casarse pronto y mal. | Visiones. | El inmigrante marroquí. | El secuestro. | Calle Palestina. | Marisa y el mar. | El último lobo. | La línea que marca el final de los sueños... | El cuento de las arenas. | El enamorado de los llanos coralinos. | En el tiempo indeciso. | Esta semana sólo pinto funambulistas | La soga. | Al otro lado del límite. | Clase de Disección. | El disco rojo. | Carta a Mikel. | El niño lobo del cine Mari. | La fraga de Cecebre. | Regalo de aniversario. | ¿Por qué todas las chicas que me gustan se llaman Vete a la Mierda? | El diente roto. | El cargador. | Historieta de amor. | El Cuadro | El agujero de la tortuga | Sentencia de muerte para la grosería | Olvido | Las Miradas | El cuento de la isla desconocida | Cartas para Annie
 
La línea que marca el final de los sueños...
 
 
La línea que marca el final de los sueños...
"Cruzó la línea que marca el final de los sueños, pero no encontró nada al otro lado...".
En ese punto del libro -o tal vez antes- me quedé dormido, y sobre mi pecho comenzaron a desfilar como una enorme hilera de hormigas, todas las letras del quinto capítulo. Perplejo, asistía complacido a su marcha que yo intuía desordenada, pero que solo momentos después comprobé obedecía a un plan perfectamente organizado. Ante su celeridad y eficacia bastaron unos pocos minutos para observar que la estrategia tenía mucho que ver con los viajes de Gulliver y el sistema utilizado para sujetar su gran cuerpo. Y eso era lo que estaban haciendo conmigo, atarme firmemente a la cama, solo que en este caso las ligaduras no eran de cuerda sino que las formaban las propias letras, agarradas unas a otras.
Quise saber si la colocación dependía solo de ganchos, patas, círculos o palitos, o si por el contrario intentaban también escribir un mensaje. Cuando traté de incorporar la cabeza un agudo grito salió por mi boca y sin querer provoqué un pequeño desbarajuste en el minucioso trabajo que llevaban a cabo. Pero el grito no pretendía en modo alguno asustarlas. La verdad es que surgió de mi garganta cuando miles de letras, enredadas en mi pelo, trataron de impedir cualquier movimiento de mi cabeza. Indudablemente, esas no podían estar ordenadas. Era imposible. Tal vez fuese una especie de granero o depósito, al que recurrir si las ataduras se resentían.
Hasta ese momento, había disfrutado de lo que me parecía un agradable juego, pero la falta de movilidad, comenzó a inquietarme, y sobre todo, me molestaba no poder leer lo que estaban escribiendo, en el supuesto caso de que así fuera.
Sentí que habían alcanzado la altura de mi pecho, cuando la opresión empezó a dificultar mi respiración. Si revasaban el propio libro del que iban saliendo, llegarían pronto al cuello y a la boca. Aquello ya no tenía ninguna gracia. Traté de memorizar el contenido de aquél -ahora insoportable- quinto capítulo por si todavía estaba a tiempo de verbalizarlo y eso me daba alguna clave, pero pronto caí en la cuenta de que aún no había revasado la última página del cuarto. Recordé que había leído algo sobre el miedo. No, no era sobre el miedo. Era sobre el final de las ilusiones, sobre la nada, sobre el vacío... Me dí cuenta de que las últimas palabras las estaba diciendo en voz alta y que entre el sonido escupía las letras que trataban de coser mi boca.
Sobresaltado, me desperté presa de un ataque de tos y el libro se deslizó hasta el suelo con gran estruendo. A manotazos intenté librarme de una de las cuerdas que no existían y busqué sobre las sábanas restos de palabras destrozadas. No había nada. Con las manos temblorosas me agaché a recoger el libro y busqué el párrafo que me había llevado a esa extraña pesadilla. Tras leerlo detenidamente, volví la hoja y descubrí que tras las palabras "Quinto Capítulo", sólo aparecían páginas en blanco. Entonces, juré que nunca revasaría la línea que marca el final de los sueños.
Julia Murga. Transcrito del programa de radio "Especia Melange", radio 3, los martes a las 8 de la tarde o a las 5 de la madrugada.