El cuento de las arenas.

 
EL RELATO MÁS CORTO DEL MUNDO... | CAMBIO DE RASANTE | LA VERDADERA HISTORIA DE UN HIJOPUTA. | CARACOLERÍAS | COSAS NUESTRAS. LA WEB DE RELATOS. | Enlaces y fuentes consultadas | La plancha | Independencia... | La casa de verano | La mancha | REFLEXIONES SOBRE LA MUERTE, O MACABRA OCURRENCIA. | EL CALAMITAERÓSTATO | EL HOMBRE Y LA VÍBORA | CABEZA RAPADA | EL MISTERIO DEL PAPELITO AZUL | El mendigo, un relato religioso. | CAMINANDO DESCALZA POR LOS TRIGALES ANEGADOS. | De mujeres y meigas. | La sombra de las cosas. | El encuentro. | Jardinera. | El casarse pronto y mal. | Visiones. | El inmigrante marroquí. | El secuestro. | Calle Palestina. | Marisa y el mar. | El último lobo. | La línea que marca el final de los sueños... | El cuento de las arenas. | El enamorado de los llanos coralinos. | En el tiempo indeciso. | Esta semana sólo pinto funambulistas | La soga. | Al otro lado del límite. | Clase de Disección. | El disco rojo. | Carta a Mikel. | El niño lobo del cine Mari. | La fraga de Cecebre. | Regalo de aniversario. | ¿Por qué todas las chicas que me gustan se llaman Vete a la Mierda? | El diente roto. | El cargador. | Historieta de amor. | El Cuadro | El agujero de la tortuga | Sentencia de muerte para la grosería | Olvido | Las Miradas | El cuento de la isla desconocida | Cartas para Annie
 
El cuento de las arenas.
 
 
El Cuento de las Arenas



Un río, desde sus orígenes en lejanas montañas, después de pasar a través de toda clase y trazado de campiñas, al fin alcanzó las arenas del desierto.

Del mismo modo que había sorteado todos los otros obstáculos, el río trató de atravesar este último, pero se dio cuenta de que sus aguas desaparecían en las arenas tan pronto llegaban a éstas.

Estaba convencido, no obstante, de que su destino era cruzar este desierto, y sin embargo, no había manera. Entonces una recóndita voz, que venia desde el desierto mismo, le susurró: "el Viento cruza el desierto, y así puede hacerlo el río."

El río objetó que se estaba estrellando contra las arenas, y solamente conseguía ser absorbido, que el viento podía volar y ésa era la razón por la cual podía cruzar el desierto.

"Arrojándote con violencia como lo vienes haciendo, no lograrás cruzarlo. Desaparecerás, o te convertirás en un pantano. Debes permitir que el viento te lleve hacia tu destino."

¿Pero cómo podría esto suceder? "Consintiendo en ser absorbido por el viento."
Esta idea no era aceptable para el río. Después de todo, él nunca había sido absorbido antes. No quería perder su individualidad.

"¿Y, una vez perdida ésta, cómo puede uno saber si podré recuperarla alguna vez?"

"El viento", dijeron las arenas, "cumple esta función. Eleva el agua, la transporta sobre el desierto y luego la deja caer. Cae como lluvia, el agua nuevamente se vuelve río."
"¿Cómo puedo saber que esto es verdad?"
"Así es, y si tú no lo crees, no te volverás más que un pantano, y aún eso tomaría muchos, pero muchos años; y un pantano ciertamente no es la misma cosa que un río."

"¿Pero no puedo seguir siendo el mismo río que ahora soy?"

"Tú no puedes en ningún caso permanecer así", continuó la voz. "Tu parte esencial es transportada y forma un río nuevamente. Eres llamado así, aún hoy, porque no sabes qué parte tuya es la esencial."
Cuando oyó esto, ciertos ecos comenzaron a resonar en los pensamientos del río. Vagamente, recordó un estado en el cual él, o una parte de él, ¿cuál sería?, había sido transportado en los brazos del viento. También recordó -¿o le pareció?- que eso era lo que realmente debía hacer, aun cuando no fuera lo más obvio.
Y el río elevó sus vapores en los acogedores brazos del viento que gentil y fácilmente lo llevó hacia arriba y a los lejos, dejándolo caer suavemente tan pronto hubieron alcanzado la cima de una montaña, muchas pero muchas millas más lejos. Y porque había tenido sus dudas, el río pudo recordar y registrar más firmemente en su mente, los detalles de la experiencia. Reflexionó: "Sí, ahora conozco mi verdadera identidad."
El río estaba aprendiendo, pero las arenas susurraron: "Nosotras conocemos, porque vemos suceder esto día tras día, y porque nosotras, las arenas, nos extendemos por todo el camino que va desde las orillas del río hasta la montaña."
Y es por eso que se dice que el camino en el cual el Río de la Vida ha de continuar su travesía, está escrito en las Arenas.

* * *
Esta hermosa historia es corriente en la tradición verbal de muchas lenguas.
La presente versión es de Awad Afifi, que murió en 1870.