El inmigrante marroquí.

 
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El inmigrante marroquí.
 
 

El inmigrante marroquí


Había una vez una familia marroquí que era muy pobre. Vivía en Tánger y estaba compuesta por el matrimonio, formado por Hasán y su esposa, y sus siete hijos: Alí, Abdul, Abdalá, Mohamed, Mustafá, Fátima y yasmina.
La situación de la familia era crítica, pues ninguno de sus miembros tenía trabajo y no podían seguir así por mucho más tiempo. Esto hizo que Hasán eligiera a su hijo mayor, Alí, para que viajara a España a trabajar y, de esta manera, obtener algo de dinero para poder sobrevivir. Llegaron a un acuerdo según el cual, Alí mandaría la mitad de sus ganancias y el resto se lo quedaría para vivir él.
Alí era un joven alto y moreno. Tenía veintitrés años y era muy responsable y trabajador, pues siempre ayudaba a su padre en la construcción de las chabolas que a causa de la lluvia o del viento se caían. él estaba muy ilusionado con la idea de viajar a España, pero tenía mucho miedo, pues era consciente de los riesgos a los que se exponía. Sabía que existía la posibilidad de que a la llegada de su patera les estuviese esperando la policía y, en ese caso, les enviarían de vuelta a Marruecos porque no tenían ningún documento de identificación.
Después de una larga espera llegó el momento señalado. El día amaneció muy nublado, el cielo estaba completamente negro y tenía pinta de caer un tremendo chaparrón. Por la mañana, Alí recibió los consejos y los deseos de buena suerte de toda la familia. Su padre siempre había sido muy trabajador y por eso le pidió que, en la medida de lo posible, él también lo fuera. Además le rogó que no se metiese en líos y que tuviese mucho cuidado a la hora de elegir a la gente con la que se relacionara.
Llegó la tarde y, por fin, Alí se iba a marchar a la aventura. Después de despedirse de todos, su padre le acompañó al puerto. Allí había varias pateras, dispuestas a llevar a los inmigrantes rumbo a distintos lugares de España. El destino de su viaje iba a ser Málaga y, nada más subir a su embarcación, comprobó que era una de las que menos llena estaba.
Finalmente, la patera salió rumbo a Málaga. Alí se sentó lo más alejado de la gente que pudo para estar lo más oculto posible. él viajaba únicamente con lo que llevaba puesto y sin nada de dinero. Por eso se pasó todo el viaje reflexionando y haciéndose preguntas:
--¿Qué voy a hacer si por casualidad tengo la suerte de poder llegar a España sin ser visto por la policía? ¿Dónde voy a vivir? ¿Cómo voy a encontrar trabajo? Quizá me tenía que haber quedado donde estaba -pensaba Alí una y otra vez.
Después de varias horas de viaje, la patera llegó a Málaga. Allí, en el puerto malagueño, les esperaba una gran cantidad de policías dispuestos a registrarles. Al ver este panorama hubo tres personas, entre los que se encontraba Alí, que decidieron saltar de la embarcación y huir. Entonces, los inmigrantes restantes hicieron lo mismo. Era tal el descontrol y la avalancha de gente que la policía pudo detener a muy pocos, entre los que no estaba afortunadamente nuestro protagonista.
Después de estar corriendo durante mucho rato para evitar ser detenido por la policía, Alí vio un banco y se sentó a descansar. Estaba tan cansado que no se paró a mirar a ver si había alguien siguiéndole y allí mismo se quedó dormido. Eran altas horas de la madrugada y las calles malacitanas estaban totalmente desiertas La tranquilidad era tal que no pasaba ningún coche.
Alí durmió aproximadamente cuatro horas y media. Al despertar, se dio cuenta de que se encontraba en el centro de la ciudad y que había muchos habitantes en la calle que se dirigían a trabajar. Se levantó de un salto del banco, pero se quedó de pie quieto y tembloroso, pues no tenía dinero y apenas sabía castellano. ¿Cómo podía relacionarse con los demás?
Empezó a andar sin rumbo dándole vueltas a la cabeza, pensando de qué manera podría sobrevivir. Sólo tenía clara una cosa y era que no se iba a rendir tan fácilmente porque había venido aquí para ayudar a su familia, pero apenas sabía castellano y no tenía ningún cobijo.
Durante su primera semana de estancia en Málaga, Alí tuvo que enfrentarse a unas condiciones de vida infrahumanas: dormía en los bancos de los parques, mendigaba en los barrios más concurridos de la ciudad para conseguir su sustento, pero aún así apenas lograba reunir lo suficiente para poder comer. Debido a todo esto se vio en la necesidad de frecuentar los barrios más bajos y adquirir las costumbres propias de sus habitantes, como la de revolver en los contenedores de basura buscando algo que llevarse a la boca.
Con ocasión de su actual situación, conoció a distintas personas que se encontraban en circunstancias parecidas a las suyas o quizá algo mejores, por lo menos eso le pareció a él en un principio, como es el caso de Pepe, al que todo el barrio conocía como el "Porreta", ya que se dedicaba al tráfico de estupefacientes y sustancias psicotrópicas, como por ejemplo: marihuana, hachís, éxtasis, LSD, etc.
Pepe desde un principio se mostró muy atento y servicial con Alí, hasta el punto de ofrecerle que permaneciera en su casa en tanto en cuanto no encontrara un trabajo que le permitiera tener la suya propia.
Alí se alegró mucho de haber encontrado a alguien tan generoso y hospitalario y, por eso, se lo agradeció efusivamente.
El piso en el que vivía Pepe era muy pequeño. Tenía una cocina, un aseo y una pequeña habitación con dos camas, una mesita y un armario. Pero no disponía de ningún electrodoméstico de los que podríamos considerar como imprescindibles hoy en día, a excepción de una pequeña nevera.
Habían transcurrido dos días y Alí seguía buscando desesperadamente un trabajo decente, pero no lo halló. Entonces, Pepe le ofreció la posibilidad de vender droga con él y repartirse las ganancias.
Alí dudó un instante mientras se hacía estas reflexiones: Aceptar la propuesta de su nuevo amigo suponía asumir riesgos innecesarios y hacer caso omiso de los consejos de su padre. No aceptar suponía ser una persona honrada, pero con la honradez no se come.
Pepe era conocido en toda Málaga, pues llevaba varios años dedicándose a la venta. Tenía clientes de todas las clases sociales, desde aquellos que le dejaban a deber su mercancía, hasta gente de las altas esferas. Alí y él decidieron repartirse la clientela, Pepe lógicamente se quedó con la yet-set, ya que aún no tenía suficiente confianza en Alí para dejar en sus manos su fuente de riqueza.
En su primer día de trabajo, Alí se mostró muy inseguro, pues a pesar de que conocía a los amigos de Pepe no solía relacionarse con ellos. Pero se puso en su puesto de venta y aguantó el tipo lo mejor que pudo.
Sin embargo, la cosa no tuvo éxito, pues los clientes de Pepe que acudían todos los días no fueron y los que lo hicieron no tenían el dinero suficiente para pagar lo que pedían. Además tuvo que oír insultos y frases del tipo: "Como no te vayas de aquí te matamos a golpes, moro inútil, negro". Afortunadamente para él no comprendía casi nada de lo que le decían, pero sólo los gestos que hacían le asustaban.
Por la tarde, vio a tres policías que se le acercaban, dispuestos a detenerle.
--¿Es usted Alí Uhahay? -le preguntaron.
él únicamente comprendió su nombre lo cual le sorprendió y, más aún, cuando lo cogieron y lo llevaron a la comisaría. Una vez allí, oyó que decían:
--Según una denuncia hecha por el ciudadano Pepe Martínez, este inmigrante es un traficante de droga -dijo uno de los policías.
--¿Pepe Martínez? -pensaba sin podérselo creer.
--¿Le había traicionado su hospitalario y buen amigo? -se repetía incrédulo.
--Quizá era otro Pepe -se decía.
En esta situación de incertidumbre lo mantuvieron durante dos horas, después de las cuales le comunicaron que iba a estar momentáneamente en la cárcel por tráfico de drogas.
En la prisión no era tratado como los demás presos y, además, le hablaban en un tono muy desagradable. Alí se encontraba triste y solo, sin nadie con quien dialogar, y, sobre todo, sin su familia a la que hacía más de un mes que no veía.
--Para estar así, que me devuelvan a mi país -pensaba desesperado.
En esta situación permaneció durante un año y medio. En la cárcel pasó su primer cumpleaños lejos de los suyos y su primer Ramadán.
Alí ya se había resignado a su suerte. Pero, inesperadamente, un día le comunicaron que Pepe se había entregado a la policía y que había contado toda la verdad. Después de esto, Alí fue puesto en libertad con la firme promesa de arreglarle todos los papeles necesarios para obtener la ciudadanía española. Entre tanto lo mandaron a un albergue de acogida en el que pasaba la noche, desayunaba y comía. Allí se encontraban personas muy pobres, entre ellas había muchas mujeres sudamericanas que habían ejercido la prostitución y que habían sido traídas por mafias.
En el albergue conoció a María, una chica joven que trabajaba allí proporcionando ropa y alimentos a las más de cien personas que vivían. Enseguida se hicieron muy amigos, hasta tal punto que ella le ofreció la posibilidad de vivir juntos en su casa, ya que entre semana vivía sola. él al principio se negó rotundamente, pues no estaba dispuesto a que la joven le hiciera lo mismo que Pepe, pero ella siguió insistiendo hasta que él terminó aceptando.
La casa de María se encontraba en la localidad malagueña de Torremolinos y era muchísimo mejor que la de Pepe. Era una planta baja con tres habitaciones bastante grandes. Además había un hermoso jardín en el que se encontraban todo tipo de plantas. Desde el principio, la convivencia fue muy buena, pues había mucha confianza entre ellos.
En cuanto tuvo todos los papeles arreglados, Alí pasó a trabajar en el albergue, ocupándose de las tareas de cocina. él se mostraba muy comprensivo con todos los que habitaban allí y, por eso, le tenían mucho aprecio.
Después de un año y medio de noviazgo, decidieron casarse. María, para complacer los deseos del novio, aceptó ir de luna de miel a Marruecos. Alí tenía muchas ganas de que se celebrara esa boda y, sobre todo, de volver a ver a su familia después de tanto tiempo.
Llegó el día deseado. Era una mañana primaveral del mes de abril y esta vez no viajaría en patera sino en un avión. Durante el trayecto, Alí se hacía muchas preguntas: ¿Me reconocerán mis seres queridos? ¿Alguno de mis hermanos habrá partido a España como hice yo?
Al llegar a Tánger, vio que la ciudad estaba muy cambiada. Se habían construido muchos hoteles y pubs, pero la pobreza seguía en la gran mayoría de los habitantes.
Alí se pasó horas y horas buscando por las chabolas en las que antes había vivido en busca de su familia, pero no la encontraba por ninguna parte.
Por fin, a media tarde vio a su hermana Yasmina que iba con un señor bastante alto y tenía un gesto serio. Al principio le costó reconocerla, pues llevaba la cara tapada a excepción de los ojos, pero por la voz logró reconocerla, ya que no le había cambiado prácticamente nada.
--¡Yasmina, Yasmina! ¿Eres tú? -gritó totalmente exaltado.
Entonces, su amigo, o mejor dicho su novio, se le quedó mirando muy furioso:
--Creo que es mi hermano Alí -le dijo ella.
--Sí, soy yo, tu hermano -contestó Alí.
Al instante se abrazaron y empezaron a contarse cosas:
--éste es Ismael, mi novio -dijo ella.
--Y ella es María, mi mujer -dijo él.
Al llegar a casa, todos celebraron su llegada y lo bien que le estaba yendo todo por España. Se alegraron mucho de que se hubiese casado con María que fue muy bien acogida en la familia. En definitiva que fueron unos días inolvidables para todos.
Cuando terminó su luna de miel regresaron a España y tanto Alí como María siguieron trabajando en aquel albergue juntos. Cada mes, Alí enviaba parte de lo que ganaba a su familia.
Alí y María tuvieron dos hijos: el mayor, Quico, perteneció a la religión cristiana mientras que el menor, Ibrahím, lo hizo a la musulmana.
Por suerte esta historia ha tenido un final feliz. ¡Ojalá que en la realidad todas tuvieran este mismo final!


Fernando Gay Laudes
Cuarto de E.S.O.